La Dama De Blanco

Todas las noches la ansiedad sospechaba del encuentro;
Que en el laberinto sin entrada y sin salida yo tenía;
Con una extraña mujer envuelta en un manto blanco denso;
Que esperaba paciente la clausura de mis párpados con sus manos extendidas;
Ella no hablaba mucho, es más, ni una palabra recuerdo;
Sólo me mostraba imágenes que de mi pasado obtendría;
Era una suerte de juego que siempre empezaba de nuevo;
Cada vez que decidía escudarme entre mis cobijas;
Pasó en tantas oportunidades que ya no me sorprendía;
Los minutos eran horas, y las horas eran días;
En ese portal escondido en mi cabeza confundida;
Al lado de una dama en quien confiaba aunque fuere una desconocida;
Todo era normal y reiterativo, al menos así lo asumía;
Pero llegó un momento donde mi cordura su existencia cuestionaría;
Fue en esa madrugada donde la señorita misteriosa me diría;
Mira a tu lado, cuando desperté con una silueta que a mi izquierda en la cama estaría.

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