Príncipe De Mi Corazón

¿Te he dicho que te amo?
¿Qué de mi vida eres el dueño?
Pues te lo repito,
esto es amor verdadero.

Príncipe de mi corazón,
tú me haces feliz,
mi vida contigo es completa,
nunca te vayas de mí.

Eres la razón cada mañana,
para poder vivir,
eres mi mayor motivo,
quédate siempre aquí.

Te doy mi amor,
y todas mis palabras,
también mi vida entera,
mis penas y calma.

Mi príncipe amado,
mi príncipe del alma.
Te amo, te amo,
por favor nunca te vayas.

El Salvador

Entre la jungla más densa de temores y heridas;
Me introduje sin importar lo que a mi me sucediera;
Sólo podía pensar en rescatar a aquella niña;
Que hace décadas en el jardín mi corazón tuviera;
Fue terrible lo que encontré cuando me adentré;
En los pantanos del pasado que tantas secuelas dejaron;
Pero sin limitarme de coraje me llené y avancé;
Para convertirlo en el presente en el más hermoso lago;
Donde sólo habría cabida para cisnes que danzantes;
Rodearían nuestro barco ante de volar en manada;
Circundando nuestro cielo que celoso estará de mi;
Cuando me vea contigo despertar cada mañana;
Ignoremos esos miedos que se forman para marchar;
Al rededor de la torre en la que has estado atrapada;
¡Anda salta! ¡No te detengas!
Aquí estaré para apoyarte;
Cuando comprendas que estoy hecho.

Hombre Ideal

Con la valentía de escudo, y la verdad en cada paso;
Debe empuñar sabiduría y cada día recordar;
Que con firmeza todo terreno debe conquistar;
Sin permitir marchitar ninguna flor de algún regazo;
Si es necesario puede a su orgullo renunciar;
Y ganar todas las guerras de batallas no libradas;
Debe entregar su alma sin temor, ni errar, ni vacilar;
Y no dudar para con pasión transitar las trincheras prolongadas;
Entender que en sí mismo no puede sólo pensar;
Y que el don de escucharla es su más poderosa arma;
Pues tender la mano cuando ha de necesitarla;
Es depositar confianza en las buenas y en las malas;
Son sólo pocas de las muchas bondades que debe honrar;
Cualquier hombre que desee ganar la mano de la dama soñada;
A quien debe prometer cuidar, y nunca dejar de mimar;
Respetando con cordura pura y con locura amándola.

Tú Me Proclamaste

Dicen que nunca seré suficiente para ti;
Más aún no entiendo porque a mi entre tantos plebeyos;
Le ha tocado demostrar que tengo un lugar aquí;
En la mesa redonda donde sólo hay caballeros;
Y si no es coincidencia, cómo le llamo a los encuentros;
Donde intercambié miradas por sonrisas sorpresivas;
Jamás pensé que el destino me permitiera verte de nuevo;
Y mucho menos que dijeras que era el amor de tu vida;
Me disculpo de antemano por no poder contener;
La inevitable sorpresa que abrazada de alegría;
Me impulsaría a preguntar qué has visto en este hombre;
Que hasta ayer en una cabaña vieja y descuidada dormiría;
Aún recuerdo tu respuesta como si de armonía se tratara;
Que ni con el sonido de cien orquestas se compara;
Cuando dijiste que a pesar de que ya lo tenías todo;
Sólo cuando a mi lado estabas, era que nada te faltaba.

Nuestro Reino

Sin dudar vendería mi alma aquel ser que prometiera;
Convertirme en el hombre que tu siempre habrías soñado;
Para así disfrutar en silencio de tus ojos iluminados;
Y del orgullo de tenernos en todas las primaveras;
Cambiaría sin dudar cada uno de mis defectos;
Y al trato agregaría lo que me resta por vivir;
Para ser al menos diez segundos ese monarca perfecto;
Que gobierne con amor tu salud y porvenir;
He transformado los ratones en corceles indomables;
He convertido calabazas en carrozas gigantes;
Pero de nada sirve la magia ni los castillos;
Si no es contigo mi doncella, con quien para siempre vivo;
Para mi no hay peor castigo que de tu lado separarme;
Pues ni la brisa más gélida extinguiría lo que siento;
Por eso guardaré en un cofre todos esos momentos;
En los cuales nuestros reinos han tenido que juntarse;
Para proteger el tesoro que los dioses escondieron;
Sin diamantes ni piezas de oro, sólo sentimientos sinceros.

Sin cuento ni rumbo

En más de una oportunidad añoré sentir tus tiernos labios;
Y sin más verdad que esa decidí emprender la lucha;
Batalla tras batalla me he vuelto un guerrero más sabio;
Pero de nada sirve si tus complejos y dudas son muchas;
Pues cada mentira fue un puñal que se clavó en mi corazón;
Que no ha podido contener mi reforzada armadura;
Y de nada habrá servido la capa azúl y el bastón;
Como tampoco ser el príncipe sin princesa en mi aventura;
Creí reunir todas las virtudes y cualidades requeridas;
Para asistir al baile de tu mano y con fervor;
Gritar a todos los presentes que por ti daría mi vida;
Cual caballero de la realeza se le asigna tal honor;
Pero descubrí que era falso el trono y la corona ansiada;
Y que en vano fue el esfuerzo por atrapar la ilusión;
Donde estabas tu en mis brazos y con mi majestuosa espada;
Te rescataba de la cueva donde te retuvo el dragón.

Te Amo Mi Príncipe

¿Qué siento por ti?
¡Amor verdadero!
eres el príncipe de mis días,
de mi vida y de mis sueños.

Mi príncipe amado,
me haces feliz,
te quiero tanto, tanto,
jamás de vayas de mí.

Te amo mi príncipe,
lo que siento es amor perfecto,
del que soporta tormentas,
y sobrevive en el desierto.

Este es amor real y genuino,
no importan las pruebas,
mientras tú,
estés conmigo.

Príncipe amado,
mi mayor júbilo,
eres mi gran amor,
profundo y único,
eterno y completo,
eso nunca lo dudes.

Poema para Mi Príncipe

Te envío este poema,
mi amado príncipe,
el sentido de mi vida,
tú me lo diste.

Al conocerte,
me diste tu amor,
no hay nadie en el mundo,
más feliz que yo.

Soy tu princesa,
abrázame fuerte,
estoy enamorada,
eres mi suerte.

Mi príncipe amado,
caballero de brillante armadura,
eres un regalo,
haces felices mis días.

Gracias por estar a mi lado,
gracias por tu compañía,
por ti lo doy todo el mundo,
eres mi alegría.

Te amo,
te amo,
príncipe adorado,
vida de mi vida.

Mi Hijo, Mi Príncipe

El príncipe de la casa,
es mi pequeño hijo,
tiene 7 años,
y es muy inteligente.

Juega fútbol,
colecciona insectos,
es buen estudiante,
y también es valiente.

Se parece a su padre
me dice la gente,
y yo más lo amo,
es mi aliciente.

Lo que me pida,
yo se lo doy,
es dueño de mi vida,
mi perfecto amor.

Principe amado,
la mayor ilusión,
haré por ti todo,
para que siempre estés mejor.

Eres mi orgullo,
preciado regalo,
doy gracias al cielo,
por haberte enviado.

Mi príncipe azul

Cuando era niña,
con vestidos de seda,
me vestía mi madre,
era muy bella.

De zapatos de charol,
y cabello con trenzas,
mis ojos eran azules,
y mi cara tersa.

Era muy niña,
pero me creía princesa,
mi sueño dorado,
un príncipe que me quisiera.

Sueños de niña,
decía la gente,
pero yo convencida,
esperaba paciente.

Fui creciendo
y el tiempo pasó,
olvidé las trenzas y los vestidos,
pero a mi príncipe no.

Una mañana de junio,
miré por el ventanal,
era mi príncipe azul
¡era realidad!