Recuerdos De Infancia

Mi primo ¿Qué te han hecho?
¿Dónde dejaste la juventud de tu tez?
¿Dónde quedaron los andares maltrechos?
¿Dónde acabó nuestro ayer?

Ahora el rumor del viento ha pegado en tu frente, y doloroso se ha ido
No te ha reconocido, ay primo mío.
No me mires, que he cambiado, no soy aquella que juré haber sido
Espero que recuerdes todo, siempre estaré contigo

Ahora que suenan las puertas
Del corazón me he olvidado
Porque me han dicho que te avientas
A la brisa fresca sin haber probado
Hoy te doy mi bendición, toma el camino a su lado
Da por mí una vuelta, disfruta tu amor hallado
Yo regresaré deshecha, porque nuestra juventud se ha apagado

Por supuesto que te escribo
Porque eres parte de mi ayer
El silencio ha enfurecido
Siempre serás mi querer
El primo que me ha bendecido
Mis deseos de suerte para ti
Eres el hermano que siempre soñé tener.

Aquel Incidente Del Árbol

Te dedico mis palabras, pero no las tires al viento
No porque no quieras leerlas
Sino por remordimiento
Te dedico mis palabras, hoy y mi vida entera

He escalado mil montañas en tu nombre
Pensando siempre en aquel día vivido
Cuando de niños jugamos bajo el árbol de casa
Y por un descuido he caído

Cuando mi herida no fue sana, cuando mi dolor te había aturdido
Jurabas que, si yo volvía a ti, me cuidarías hasta en mi cama
Quería decirte algo, porque pensaba en tu nombre
Decir: ¡hermano! No te hagas daño, el piso no era donde creí
Pero sabía que no era nuevo, que tu culpa había crecido
Que, “si me hubieras cuidado, jamás habría caído”
Ante mi infinita consciencia, tú eras quien me mantuvo en el reino vivo
Pensando en ti, como que si tu herida quemara los sonidos.

Al corazón no se engaña
Gracias por estar conmigo
Hoy no te culpo de nada
A pesar que han pasado
Más de mil meses de lo ocurrido

Como Te Conozco Tanto

Me preguntas que como me adelanto a tus sueños
Como si no fuera yo quien te moldeó a la vida
Me preguntas que como pienso en ti y presiento
Como si no previera todo lo que vives al día

Si pudiera callarme de vez en cuando lo haría
Para escuchar mejor el sonido de tu voz
Para abrazar tu cuerpo con alegría
Para sentirme orgullosa de tu corazón

Si entendieras que eres mi vida
Te alegraría más que vaya contigo
Que a veces me pierdo cuando voy de salida
Pero nunca lo hago cuando tengo una herida

Me encantaría enviarte un mensaje
Para que veas como luce el espesor de tu voz
Para que sientas como duele mi pecho profundo
Pensando que amo el sentir de tu amor

Si me atrevo a decirte que pienso
Es porque no quiero perderte de vista
Porque a pesar de ver tu sonrisa
Cuando más ríes es porque algo se avista

 

Grito Hacia Roma

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
Peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
Y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

Test

Hoy me hicieron un test/ el decisivo
tengo alergia a la nuez al humo al polvo
a la estremecedora belleza de la iguana
y al concierto de piano de rachmáninof
a las bruscas galernas de noviembre
y al importuno celo de los oportunistas
a la oculta violencia de los conciliadores
al papamóvil y a las pompas fúnebres

hoy me hicieron el test/ todo está claro
tengo alergia a la soja al ácaro y al moho
a risas y sonrisas de hienas y giocondas
a la mano que esconde napoleón bonaparte
a la otan el usis el kgb y la cia
y al inútil paraguas contra el viento
al débil sindicato de los zánganos
y al matriarcado de la abeja reina

hoy me hicieron el tes/ al fin me entero
tengo alergia al coñac/ al tomate/ al tanino
a los monos en jaulas/ al doblaje en el cine
a la picana eléctrica/ a la hora del ángelus
y hasta a los presidentes con pulcro bisoñé
al opus dei y a los posmodernistas
a los gaudeamus y a las cuchipandas
y/ no faltaba más/ a los tests sobre alergias.

Tus Ojos

Te miró distraída,
mirando por la ventana,
un suspiro al viento,
tu vida en calma.

Sabes que te miro,
y giras tu cabeza,
me miras fijamente,
y me das la certeza,
de que el amor existe,
de que aún hay vida.

Profundos y vastos,
como la tierra misma,
me pierdo en ellos cuando los miro,
los extraño si estas dormida.

En tus ojos conocí el cielo,
me perdí en poemas y en melodías,
te canté en ensueños toda la noche,
y a la madrugada te hice mía.

Tus ojos,
tus bellos ojos,
amor mío,
son mi consuelo.

Noviembre 1913

Un año más. El sembrador va echando
la semilla en los surcos de la tierra.
Dos lentas yuntas aran,
mientras pasan la nubes cenicientas
ensombreciendo el campo,
las pardas sementeras,
los grises olivares. Por el fondo
del valle del río el agua turbia lleva.
Tiene Cazorla nieve,
y Mágina, tormenta,
su montera, Aznaitín. Hacia Granada,
montes con sol, montes de sol y piedra.

Noche De Verano

Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.