Tan sólo

Si tan sólo entendieras, que te has llevado mi fe;
Y que mi ser está incompleto todo a causa de tu ausencia;
Si tan sólo la paciencia, hubiera podido entender;
Que éste vacío en mi espíritu ha abarcado mi inocencia;
Y no hay ciencia que describa el fenómeno ocurrido;
Si acaso existen palabras que identifique conmigo;
Con esos lentos latidos, que jamás había sentido;
Cuando indicaron el camino que conectó nuestros sentidos;
A veces me he cuestionado porqué vivimos lo vivido;
Pero en esas ocasiones a mi mismo he respondido;
¡De qué sirve tanto llanto! si las llamas ya se han ido;
¡Para qué buscar cenizas que el viento ya ha esparcido!;
Y no es conmigo el problema, eso dicen mis amigos;
El señor del espejo y el hombre que en el agua veo;
Pues creí ser el culpable de ésta odisea incompleta;
Pero ambos ruegan que no crea más en lo que creo.

Nuestro Error

Cuando apenas la felicidad se hacía huésped en mi vida;
Y tu presencia, decoró mi esencia desvanecida;
Cuando entré al pueblo del amor cuyas calles no tienen salida;
Una tormenta destruye las promesas construidas;
Y no pidas que siga con la amarga explicación;
¡Entiéndelo! ¡Por más que intentes no se renuncia al dolor!;
Puedes olvidar los besos, los excesos, los tropiezos;
Pero nada de eso, desaparecerá nuestro error;
¿Porqué confiar en la serpiente que visitó al pecador?
¿Porqué ensañarse con la ilusión de un novato labrador?
Quien con tal fervor ha cuidado la simiente;
Dando nacimiento a la más mentirosa flor;
Pretender engañarnos y amar en simulación;
Es tan falaz que hace capaz al más diminuto roedor;
De levantarse en dos patas y alzando las otras dos;
Exclamando que nada ha pasado intentando tapar al sol;
Por eso ahogo mi lamento en detrimento de mi honor;
Por eso me armo de orgullo para rescatar valor;
Para mirar mi reflejo y la esperanza que de lejos;
Me asegura que aunque sufra, habrá sido lo mejor.

Nuestro Horizonte

Siempre supe que íbamos en diferente dirección:
Aunque conocerte y verte no me dejaría otra opción;
Si preguntas a casualidad, no dirá la verdad;
Sobre ese día donde nuestra realidad se trasformó;
Apostaba, porque cada instante sería eterno;
Mi nombre abrigaba al tuyo en hojas de cuaderno;
Y el infierno, castigo suficiente no sería;
Si acaso permitía que algo se interpusiere en nuestra vía;
¡Y reitero, ya sabía!, que algo en ti sucedía:
Tu sur era mi norte, y mi norte tu sur sería;
Pero más extraña nuestra dulce cruzada se volvería;
Cuando tomados de las manos, cada horizonte miramos;
Y al unísono de dos “te amo” una luz se encendería;
Cada rayo era más intenso que el destello anterior;
Y era imposible ignorar tus ojos y su color en el resplandor;
Pero poco a poco desaparecería el basto calor;
Que tu aliento brindaba a éste hombre que te amó;

Desvanecidos

No entiendo como desaparece algo tan sencillo;
Tan naturalmente auténtico, sincero y real;
No se como pasamos de manos unidas con anillos;
A conversar sobre lo que ambos nos solíamos extrañar;
Como es curioso que en tus ojos ya no haya más de ese brillo;
Mismo donde nuestras sonrisas se podían reflejar;
Y así como imposible es que el fuego se extinga así mismo;
Habría jurado que lo nuestro jamás iba a terminar;
Cada caricia, cada beso, cada camino recorrido;
Es una estrella en cielo que resplandeciente ha de brillar;
Para mirarla cuando quiera revivir lo que contigo;
Comenzó como una historia, y se convirtió en un juego de azar;
Lo mejor de mi te llevas, porque el destino así lo quiso;
Cuando sin pedir permiso nos ha invitado a pasar;
A la habitación de pétalos, donde el canto de Cupido;
Ha quedado enmudecido por no poderlo ni quererlo escuchar.

Rendición

Ese día todo parecía particularmente normal;
Cuando en medio saludos y cortesías rutinarias;
Recordaba que esa misma mañana al despertar;
La silueta de tu alma yacía sobre mi cama;
No sé cómo ocurrió esa emboscada fatal;
Donde murieron mis sueños, enterrados por mis ganas;
¡Y si me amas!, como te atreves a abandonar:
Nuestro crucero con destino a donde el cielo besaba el mar;
¿Era miedo a amar? ¿Temor a fallar?
¡Explícame! Pues no concibo cómo ha de acabar;
Una historia que ni las hadas han querido contar;
Y he tenido que obligar a mi almohada a confesar;
Si como yo, se esclavizó al sonido de tu risa;
O si mintió con esa mirada que logró engañar;
A un corazón que por no saber, tuvo que aprender;
A perder, aunque todo apuntaba a que iba a ganar;
No más noches de fogatas, ni más pieles enredadas;
Porque la adversidad gana, si sólo uno quiere luchar.