La Dama De Blanco

Todas las noches la ansiedad sospechaba del encuentro;
Que en el laberinto sin entrada y sin salida yo tenía;
Con una extraña mujer envuelta en un manto blanco denso;
Que esperaba paciente la clausura de mis párpados con sus manos extendidas;
Ella no hablaba mucho, es más, ni una palabra recuerdo;
Sólo me mostraba imágenes que de mi pasado obtendría;
Era una suerte de juego que siempre empezaba de nuevo;
Cada vez que decidía escudarme entre mis cobijas;
Pasó en tantas oportunidades que ya no me sorprendía;
Los minutos eran horas, y las horas eran días;
En ese portal escondido en mi cabeza confundida;
Al lado de una dama en quien confiaba aunque fuere una desconocida;
Todo era normal y reiterativo, al menos así lo asumía;
Pero llegó un momento donde mi cordura su existencia cuestionaría;
Fue en esa madrugada donde la señorita misteriosa me diría;
Mira a tu lado, cuando desperté con una silueta que a mi izquierda en la cama estaría.

El Genocidio De Los Sueños

A veces creo que despertar es la irónica manera;
En la cual los sueños nosotros hemos de asesinar;
Porque no tiene sentido regresar a lo que espera;
Un mundo cada vez más vacío sin ilusiones ni afán;
Levantarte, caminar, asearse, desayunar;
Son actitudes programadas en la rutina perversa;
La cual nos conduce a la monotonía, y viceversa;
Por eso he considerado cerrar mis ojos para no abrirlos más;
Se muy bien que entre lo que quiero y morir no hay diferencia;
Pero ya no puedo estar más muerto, mi paciencia ha de acabarse;
Es terrible ver como se destruye la inocencia;
En un mundo putrefacto, y aún se atreven a cuestionarse;
¿Porqué prefieres la cama a vivir tu realidad?;
Dicen que eso es sólo exclusivo para cobardes;
Pero aunque me hagan la misma pregunta mil veces siempre he de contestar;
Que preferiré soñar antes que tener que despertarme.

Pasadizo En La Almohada

Todo me resultaba sospechosamente perfecto;
No se si se trataba de un sueño o de una simple fantasía;
Sólo sé que no quería que acabara aquél momento;
Ni que el sol interrumpiera mi velada con la luz del día;
Pues yo me encontraba en una tierra prometida;
Tan completa y pacífica como siempre había imaginado;
Todos en ese pueblo un horario escogerían;
Para unirse y orar por el prójimo tomados de las manos;
No existía ni una sola persona con malvadas intenciones;
El aire que respiráramos era una dulce fragancia;
No habían límites ni fronteras que dividieran las naciones;
Y en toda excursión yo era el líder que decidía cuando cruzarlas;
Todo era tan armónico que me parecía increíble;
Ver como no había más que hacer el bien, y lo mismo esperaba;
Por eso no me contenía en disfrutar de mi edén irresistible;
Al que llegaba con un pasaporte que me brindaba mi almohada.

Noche Eterna

Ya habrían pasado probablemente al menos más de siete años;
Que ningún mortal tenía la suerte, el privilegio y la dicha;
De ver florecer siquiera una rosa en algún campo;
Ni de escuchar aves cantar pues la luna eterna sugería;
Que estábamos destinados a ver nuestra vida pasar;
Y nunca más disfrutar de esa figura que podía;
Surcar los mares y los cielos con el resplandor fatal;
Para todas las sombras y las malas energías;
Por eso emprendí mi viaje, mi odisea particular;
Pues no pretendía aceptar esa suerte que corría;
El mismo mundo que me dio todo sin a cambio nada esperar;
Y al que pertenezco aunque mis ojos cerrados permanecerían;
Porque no necesitaba moverme para ser el héroe final;
De una historia que mi subconsciente escribiría;
Sólo quiero saber que mensaje ha de mandar;
Ese sueño donde ya no había luz y la noche nunca jamás terminaría.

La Tierra De Lo Inocuo

Más elocuente de lo habitual converse con una tropa;
Que se encontraba en pleno trayecto marchando hacia el castillo;
Recuerdo que a pesar de la luz del sol mucho iluminaba mi ropa;
Cuando uno de los soldados se acerca y me entrega un sable amarillo;
También noté que en su mango se encontraban incrustados;
Algunos metales preciosos y unos cuantos brillantes diamantes;
Le pregunté: ¿Porqué razón yo era acreedor de ese tesoro tan preciado?;
Me dijo: ¡Escuche mi lord! Esto será muy importante;
Debemos defender a nuestro reino del mal;
Por eso debe permanecer a nuestro lado valiente;
En ese sentido suplicamos no se le ocurra despertar, y volver a ese mundo donde lo espera tanta gente;
Pero infortunadamente algo en ese instante habría de pasar, en los cielos criaturas aladas mi nombre vociferaban;
Fue cuando al fin desperté y pude notar al observar, Que sólo era un sueño simbólico y que mi hija me llamaba.