Así Lo Decidí

Nunca he sido un cobarde, por eso ya ni me abrigo;
Entre los rincones más obscuros donde converso conmigo;
Donde me cuestiono: ¿En un insensible me he convertido?;
Son mejores los monólogos que los espejismos de amigos;
Por eso yo marcho solo y sólo asumo mi lugar;
Por eso ha sido mi sombra quien me ha tenido que enseñar;
Que en el arte de la verdad no todos tienen talento;
Y aunque en ocasiones miento, no se usa para dañar;
Entonces de qué ha servido amar, a tu prójimo, a tu par;
Si al momento de pagar sólo hay puñales en las manos;
De quienes se encargaron de poder ser invitados;
A bailar el vals macabro de traidores disfrazados;
Se han llevado mi fortuna escondida entre las risas;
Los apretones de manos se esfumaron con la brisa;
Cada abrazo que fue en vano, una secuela ha dejado;
Por la herida surgida a causa de alguien que he amado.

Al Menos, Dos

Siento temor estando de pié parado frente a aquellas puertas;
Donde siempre es predecible lo que está del otro lado;
Más aún cuando descubro que la obscuridad gobierna;
Cada rincón del cuarto que ha sido acondicionado;
Para albergar las penas, las quejas y el llanto amargo;
De quien nunca en su vida compañía necesitó;
Más ahora entendió, sin posibilidad de negarlo;
Que vivió una falacia que por mucho tiempo lo engañó;
¿Cuánta falta me ha hecho una palma de mano en la espalda?
¿Cuántos relatos contenidos sólo la consciencia escuchó?
Cada segundo que he pasado encerrado en aquel ático;
He lamentado pues el veneno del dolor acabó;
Con la alegría que impulsaba cada instante de aliento;
Y es por eso que no siento latir a mi corazón;
Ya no hay remedio para esta pobre y solitaria alma en pena;
Que tarde ha comprendido que no hay felicidad sin, al menos, dos.

Confinamiento

Se ha desvanecido la moral, la verdad y la confianza;
Ya nadie en este lugar puede soportar ni tolerar;
Que existan entes diferentes que no compartan sus alianzas;
Razón por la cual he decidido que encerrar;
Todas mis iniciativas, mis planes y la balanza;
Donde lo bueno y lo malo siempre se ha de sopesar;
Por eso no creo que vuelva a mirar la luz del día;
En la tierra donde sólo el corrupto y el cobarde ha de triunfar;
Dudo mucho que alguien me pueda convencer;
De que en lo sucesivo esto vaya a cambiar;
Y con las paredes como consejeras he de prevalecer;
En el escondite donde la soledad me ha de acompañar;
No creo en falsos invitados que con halagos solicitan;
Una cita para saber si luego podrán entrar;
A mi refugio, gracias a las alarmas contra hipocresías;
Que las mentiras con doble filo me ayuda a detectar.

El Orgulloso y El Cobarde

No se si fue tan grave esa falta cometida;
Así como tampoco concibo justificar tu despedida;
Si hemos crecido juntos, y cuidarte fue un encargo;
Que con gusto de nuevo a nuestro padre aceptaría;
Entonces porqué no intentas entender que un error;
No puede evitar que los lazos que siempre han estado unidos;
Puedan separarse propagando un intenso dolor;
Que considero que ninguno de los dos hemos merecido;
Tus actitudes obstinadas me condenan;
Es una pena que sea la separación;
La medida que alimente tu orgullo mientras suenan;
Las campanas de la catedral que nuestra madre construyó;
Para recordarnos que sólo en este mundo estábamos tu y yo;
Y que el uno sin el otro somos seres sin complemento;
En este momento siento que la soledad invadió:
Cada uno de los sueños que de niños compartieron;
Nuestras almas, nuestros cuerpos, en esos juegos inocentes;
Que recuerdo con nostalgia aún en este presente;
Donde nadie me rodea y la más suave marea;
Derrumbará el castillo que juntos construimos en la arena.

Exilio eterno

La suma de mis errores y la ira que han causado;
Propiciaron la despedida de muchos de mis seres queridos;
Sin importar cuanto a cada uno de ellos haya amado;
A todos he alejado por culpa de mi egoísmo;
Sólo preocupado por los reflejos banales de mi espejo;
Apuntando siempre tan lejos que me he olvidado de mis pares;
Mereciendo sentir el frío agudo que hoy congela mi esmero;
Pues me rindo y reconozco que mis amigos y mis padres;
Fueron lo más sincero que tuve y por ambición ya no tengo;
Por ello me arrepiento de ser un fracaso notable;
Ese hombre noble y soñador que todos antes conocieron;
Se ha convertido en una maquina, insensible y miserable;
Sólo vestigios quedan de las reuniones los domingos;
De las llamadas preocupadas, de las visitas inesperadas;
Pues me han asignado la pena eterna de exilio;
Y han recluido mi alma en la solitaria nada.