Sin Salida

Señor que estás presente en todo momento, a toda hora;
Espero que hayas podido observar y comprender;
Que lo que hice no lo hecho en un acto de deshonra;
A tus mandamientos y órdenes pues a tu palabra le soy fiel;
Así como Abraham casi mata a Isaac según tus órdenes;
Sabes que lo mismo por tu voluntad yo haría también;
Pero me ha tocado quitar la vida a aquel joven;
Que amenazaba de muerte a mi familia en aquel tren;
Ahora el remordimiento toca la puerta de mi consciencia;
A cada instante veo el rostro con las pupilas expandidas;
De ese muchacho que por no haber ignorado tu presencia;
Tomó decisiones equivocadas que enmarcaron su partida;
No soy un asesino, por eso acudo a tu templo;
Para que con tu sangre sagrada purifiques mi camino;
Muy bien sabes que de todo esto me arrepiento;
Pido perdón señor, espero seguir siendo tu hijo.

Para Poderme Ir

No sé si fue el cigarrillo, el alcohol o los demás vicios;
Los causantes de la degeneración de la salud habida;
Sólo sé que a esta basura no puedo llamarle vida;
Y que desde que me he hundido he perdido todo el juicio;
Pero por mi no se preocupen, ya he muerto aunque aún respire;
Además, falta muy poco para detener mis pulsaciones;
Por eso sé que es el momento que tengo para decirles;
Que he sido una mala persona y por eso pido que me perdonen;
Pues en pocos días mi cuerpo con ustedes no estará;
Sólo tendrán en sus memorias las imágenes de ese hombre;
A quien siempre intentaron de buena fe y por amor ayudar;
Pero como un soberano idiota los ignoré en aquel entonces;
Ya cada segundo que transcurre más me cuesta respirar;
Y como último deseo pido que no repitan mis errores;
Ojalá llegue ese día en que me puedan perdonar;
Para poderme marchar al purgatorio con los perdedores

Doble Moral, Doble Razón

En concreto no conozco lo que te haya motivado;
Pero imagino algunas de las posibles razones;
Quizás la excitación de aventurar en otros labios;
O de complacer a un entorno de individuos corruptores;
Más igual ya no interesa lo que te haya impulsado;
A tomar tan amarga, tonta y absurda decisión;
El don del perdón sé que un día ha sido creado;
Pero temo que ese día cariño, no he nacido yo;
Ya no importa lo que opinen de mi presencia tus padres;
Diles que no deben sentir ni un poco de preocupación;
Mejor te recomiendo que les aconsejes de mi parte;
Que se interesen en su hija y en su terrible confusión;
Juro ya no estaré en las noches por la ventana;
Esperando a que te asomes sigilosa en el balcón;
No hay doble moral que te lleve a villas lejanas;
Te disculpo pero el perdón debes pedírselo a Dios.

Mi Error Es La Causa

En donde quieras que estés mi consuelo te acompaña;
Pues me preocupa demasiado que tu pérdida sea eterna;
No quiero que me recuerdes como ese hombre que daña
Todos los pétalos de las rosas que en su jardín a diario riega;
No se trata de locura ni mucho menos confusión;
Tampoco tengo un trastorno de varias personalidades;
¡Sé lo que dije! ¡No insistas! ¡Te aseguro que es amor!;
Lo que por ti siento a pesar de que en varias oportunidades;
Fuiste víctima de algunos de los arrebatos impulsivos;
De aquellas noches en las cuales sin saber fui corrompido;
Por esa cuerda de abusivos a la que llamaba “amigos”;
Y que son los responsables de que hoy no estés conmigo;
Discúlpame mi cielo, no es absurdo lo que pido;
De momentos te recuerdo y me siento deprimido;
Nuestra vida eterna juntos sigo pidiéndote a gritos;
Aunque a causa de mi error ya no sienta tus latidos.

De Rodillas

Sé perfectamente cuanto daño te causé;
Me reconozco culpable de las lágrimas derramadas;
Y no hay nada que en el fondo de corazón yo pueda hacer;
Para remediar las amarguras y las heridas pasadas;
Ten presente que como todo humano me equivoqué;
Que mi piel se hizo tan débil que la serpiente arrastrada;
Sabía muy bien que era una presa muy fácil de roer;
En el juego que dispuso que era verdaderamente una trampa;
Por eso sólo te pido que me permitas un instante tu mano;
Que sientas igual que yo el temblor que hay en mi cuerpo;
Creo que es el temor natural de haberte confesado;
Que te he engañado con ella aunque sabes que es a ti a quien quiero;
Y no pido que automático sea el perdón que me brindes;
Por eso andaré con calma recordándote muy paciente;
Que aunque sea un cobarde por haber accedido a mentirte;
Aquí estaré esperando a que sanes como tu guardián valiente.