Deambulando

Caminando entre tantas personas me parece extraño;
Que nadie note mi presencia como si de repente no estuviera;
No entiendo que ha sucedido, ya no puedo hacerme daño;
Puedo ver a través de mis manos, no hay pared que me detenga;
Hoy visité a mi hija en su cabaña junto al lago;
La encontré sentada, y su madre las manos le tuviera;
Escuché como le pedía calma, le decía que “eso” era algo;
Que sucedería tarde o temprano aunque ella no quisiera;
Sus lágrimas ni se notaban al caer en su vestido;
Creo que era porque sólo negras eran sus prendas;
Cuando intenté secarlas le provoqué un escalofrío;
Y se desplomó en llanto cuando una foto de mi viera;
Ahora todo empezaba a cobrar mucho más sentido;
Entendí porque ni frio ni calor yo sintiera;
Estaba atrapado en el mundo de los vivos;
Pero sin signos de vida, deambulando en esta tierra.

Llegó El Momento

Aferrarme a la vida ha sido más que una opción para mí;
Pero alguien está jugando con ese reloj de arena;
Que ha marcado con cada grano lo que estaba por venir;
Y ahora ha detenido su marcha sin avisar en plena carrera;
No alcanzaré a relevar a mi equipo pues competir;
Ha sido una de las virtudes que me quitan a un pié de la meta;
No puedo negar que ha sido mucho lo que me ha tocado vivir;
Pero tampoco que me sorprende saber que ya no me queda;
Más aliento para llevar la antorcha de la justicia;
Y la sala de trofeos cual latas en la alacena;
Ya no servirá de nada pues al sitio a donde voy;
Alardear es un crimen si lo material no se observa;
Por eso asumo mis culpas, confieso aunque no me vean;
A todos aquellos a quienes en el pasado dañé;
Pido perdón, estaré ahí para cuando decidan hacerlo;
Y poder disfrutar de la paz infinita que me espera.

Línea Invisible

Se muy bien que la aventura alimentaba tus pasiones;
Y aunque nadie soy, para juzgar ni reprochar;
No puedo contenerme, ni evitar cuestionar tus decisiones;
Mismas que te dieron el pasaporte para cruzar;
La frontera que separa mis latidos de tu memoria;
Y siento rabia por sólo poderme conformar;
Con recordar esa sensación en todo equiparable a la gloria;
La del caluroso y real amor, cuando te podía abrazar;
Sin embargo ¡No me resigno! ¡Nunca lo haré!
Se que puedes escuchar y mirar;
Por eso lucho para ser digno de mi camino acompañar;
Con tu presencia, pues tu ausencia no se podrá demostrar;
Ni habrá barrera desconocida que nos pueda separar.
Hoy te honro con la bandera de las enseñanzas dadas;
Defiendo tus valores de quien crea que no estás;
Esperando ese “mañana” incognito de fecha aún no revelada;
En donde nuevamente nuestras miradas empañadas volvamos a intercambiar.

Fue El Ocaso

Todas las noches, en más de una oportunidad me he preguntado;
Si la deidad que decidió alejarte no se equivocó;
Si de casualidad no era yo quien habría sido señalado;
Para marcharse y escogiéndote a ti fue donde erró;
Por eso en cada camino siempre observo esos pasos;
Que dejan huellas eternas abrazando la ilusión;
De que todo sea una farsa y que una broma hayas jugado;
Y que al regresar a casa te encuentre sentado en el sillón;
De que me cuentes cómo fue tu día, preguntes por mi vida;
Me llenes de alegría, pero todo se esfumó;
Sólo quedamos tu foto y mi sombra que me consuela;
Al ver los rayos rojos del sol entrar en mi habitación;
Ya no hay más motivación, me erradicaron las ganas;
Cada mañana, siento que me levanto por obligación;
Y cuando miro mi interior me percato de que no hay nada;
Sólo el consejo de la melancolía que el ocaso dejó.

Mi Cúpula Sin Ti

Sigo sintiendo el mismo vacío en mi ser desde aquel día;
En que recibí la noticia que jamás de nuevo te vería;
Y aún no entiendo muchas cosas, porqué habiendo tantas rosas;
El jardín del cielo la mía me arrebataría;
Aún siento tus murmullos detrás de aquella pared;
Donde de la mano juramos que nada nos separaría;
Prometiste estar conmigo y siempre calmar mi sed;
Y ahora me ahoga la nostalgia y la soledad me asfixia;
Como quisiera volverte a ver tan feliz como en el retrato;
Que anclado en mis recuerdos permanece en mi mente;
Como quisiera que vieras lo que el tiempo me ha dejado;
Sólo rencor y muchas ganas de asesinar a la muerte;
Por haberle quitado a mi vida la dirección;
Si tenerte era mi norte, y tu piel era mi brújula;
Ya no me ha quedado más remedio que tomar la decisión;
De despedirme de un mundo donde estabas en mi cúpula.